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La Fe no es un articulo de consumo que puedas comprar.
Tampoco es un servicio que alguien pueda prestarte a cambio de una remuneración económica.
La Fe es algo que está dentro de ti, que forma parte de ti, que te petenece; que nadie puede darte ni quitarte.
No permitas que te engañe quien sólo busca aprovecharse de ti -en tu buena Fe-
Si acudes a una iglesia -cualquiera que sea-, hazlo con la motivación que te da la FE que ya tienes; no para buscar allí una FE que sólo dentro de ti puedes encontrar.
Quien realmente ruega por tu bienestar no tiene intenciones de cobrarte.
No tienes que pagar por algo que ya es tuyo.
lunes, 29 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
¿La Verdad?
¿La verdad? ¿Qué es la verdad?
No hay mayor verdad que TU PROPIA EXISTENCIA, de modo que la verdad está dentro de ti
No importa cuánto lo pienses o cómo lo analices. La conclusión es siempre la misma: si tú eres un ser único, irrepetible y diferente a todos los demás, ¿cómo podría cualquiera que no seas tú mostrarte el camino de la verdad?; más aún, ¿cómo podría mostrarte la verdad misma? y, si lo hiciera -si alguien pretendiera que puede mostrarte la verdad- ¿de qué verdad estaríamos hablando? ¿de la tuya? ¿de la suya? ¿de una verdad encontrada en algún libro de meditación?
El camino está dentro de ti. Sólo tú puedes encontralo. ¡Sólo tú sabes cómo!
No hay mayor verdad que TU PROPIA EXISTENCIA, de modo que la verdad está dentro de ti
No importa cuánto lo pienses o cómo lo analices. La conclusión es siempre la misma: si tú eres un ser único, irrepetible y diferente a todos los demás, ¿cómo podría cualquiera que no seas tú mostrarte el camino de la verdad?; más aún, ¿cómo podría mostrarte la verdad misma? y, si lo hiciera -si alguien pretendiera que puede mostrarte la verdad- ¿de qué verdad estaríamos hablando? ¿de la tuya? ¿de la suya? ¿de una verdad encontrada en algún libro de meditación?
El camino está dentro de ti. Sólo tú puedes encontralo. ¡Sólo tú sabes cómo!
martes, 23 de noviembre de 2010
Es imposible romper la paz
¿Quién dice que la paz es frágil?.
¡Es imposible romper la paz!.
Sopla el viento.
Ponemos una pared entre el viento y nosotros y, así, evitamos que el viento nos toque; pero, el viento, sigue allí, soplando.
La paz es como un viento que sopla continuamente.
No hay manera de romper la paz, tan sólo podemos esquivarla y, para ello, inventamos los conflictos.
La guerra -y todo conflicto, por pequeño que sea- es una muralla que construimos para evitar vivir en paz.
¿Tal vez nos asusta vivir en paz? ¿quizás tenemos miedo de convivir en paz?. Vivir en paz implica respeto hacia nuestros semejantes y cumplir las normas de la sociedad en que vivimos. Implica aceptar compromisos y hacernos responsables de nuestros actos, entendiendo que somos los únicos "culpables" tanto de lo que somos como de lo que nos pasa -de lo "bueno" y de lo "malo"-. La "ventaja" de tener siempre a quien culpar es que uno nunca se siente responsable de nada, ni siquiera ante si mismo. Tal vez por eso nos asusta vivir en paz.
¡Es imposible romper la paz!.
Sopla el viento.
Ponemos una pared entre el viento y nosotros y, así, evitamos que el viento nos toque; pero, el viento, sigue allí, soplando.
La paz es como un viento que sopla continuamente.
No hay manera de romper la paz, tan sólo podemos esquivarla y, para ello, inventamos los conflictos.
La guerra -y todo conflicto, por pequeño que sea- es una muralla que construimos para evitar vivir en paz.
¿Tal vez nos asusta vivir en paz? ¿quizás tenemos miedo de convivir en paz?. Vivir en paz implica respeto hacia nuestros semejantes y cumplir las normas de la sociedad en que vivimos. Implica aceptar compromisos y hacernos responsables de nuestros actos, entendiendo que somos los únicos "culpables" tanto de lo que somos como de lo que nos pasa -de lo "bueno" y de lo "malo"-. La "ventaja" de tener siempre a quien culpar es que uno nunca se siente responsable de nada, ni siquiera ante si mismo. Tal vez por eso nos asusta vivir en paz.
Improvisando...
Tú eres el piso que me sostiene,
la brújula que me guía,
el muro que me protege.
Y no hay camino imposible
ni hay miedo que me desvele
por más profundo que caiga
por más arriba que vuele!
la brújula que me guía,
el muro que me protege.
Y no hay camino imposible
ni hay miedo que me desvele
por más profundo que caiga
por más arriba que vuele!
domingo, 18 de enero de 2009
Caminaste sesenta kilómetros. Fuiste el primero en llegar. Incluso impusiste un nuevo record. ¿A qué crees que debes tu éxito?
¿A tu propio esfuerzo?
¿Tienes idea de cuántas personas desearían hacer el esfuerzo que tú hiciste -acaso más si fuera posible- y no pueden porque padecen algún tipo de impedimento físico? ¡paralisis! ¡deficiencias respiratorias o cardiovasculares! Entre otras, serán cosas de las que alguna vez habrás oido algo... pero que tú no padeces.
De nuevo... ¿A qué dirías que se debe tu éxito?
No menosprecies el valor de tu esfuerzo hasta el punto de que todo lo dejes en manos de Dios, pero tampoco permitas que la soberbia te impida ver la forma en que Dios actúa sobre tu vida... y dale gracias de cuando en cuando.
¿A tu propio esfuerzo?
¿Tienes idea de cuántas personas desearían hacer el esfuerzo que tú hiciste -acaso más si fuera posible- y no pueden porque padecen algún tipo de impedimento físico? ¡paralisis! ¡deficiencias respiratorias o cardiovasculares! Entre otras, serán cosas de las que alguna vez habrás oido algo... pero que tú no padeces.
De nuevo... ¿A qué dirías que se debe tu éxito?
No menosprecies el valor de tu esfuerzo hasta el punto de que todo lo dejes en manos de Dios, pero tampoco permitas que la soberbia te impida ver la forma en que Dios actúa sobre tu vida... y dale gracias de cuando en cuando.
lunes, 14 de julio de 2008
¿Te fijaste en lo mucho que ha progresado tu vecino?
¿Te diste cuenta de lo bien que le está yendo?
y ¡cómo no darse cuenta!, dirás.
Esta mañana, al salir de su casa y ver su puerta abierta,
no pudiste evitar echar una mirada
y admirarte de aquel televisor extraplano
tan grande como la más grande de las ventanas en tu sala de estar.
¡Y el coche!
¡Qué maravilla!
¿Cuántas veces te has detenido delante de él,
antes de entrar al tuyo,
imaginando que eres tú quien lo conduce?
¡Qué vida tan maravillosa debe tener tu vecino!
¿Y tú?
¡Harto ya de las incertidumbres económicas!
Cansado de tener que quedarte en casa los domingos
porque el presupuesto familiar no da para ir al cine.
Se acerca el tiempo de pagar la matrícula de tu hijo
para el próximo año escolar.
¿Cómo vas a hacer?
¿De dónde vas a sacar el dinero que necesitas?
Si no aumenta un poco el movimiento de trabajo
¿Cómo cubrirás los gastos de tu casa a fin de mes?
Tu vecino no tiene tales preocupaciones.
Seguramente andará con abundante efectivo en el bolsillo
o usará su tarjeta de crédito.
Sí, esa que a ti te negaron ya en más de una oportunidad,
no por insolvente sino por el débil respaldo que aporta el saldo de tus cuentas en el banco.
¡No! A tu vecino no le preocupan los gastos de la vida como a ti.
¿Por qué no podrá ser tu vida como la de tu vecino?
El reformó toda su casa no hace mucho. Tú ni siquiera puedes substituir las baldosas rotas en tu cuarto de baño.
El se compró un auto nuevo. Tú no puedes reparar el motor del tuyo que ya pierde compresión.
¡Qué distintas son ahora tu vida y la vida de tu vecino!
¿Sabes? Esta noche pasada, mientras tú y tus hijos dormían plácidamente,
hubo un gran revuelo en casa de tu vecino.
Vino una ambulancia y se llevó a su hijo de urgencia al hospital
a causa de una convulsión de esas que le dan tan a menudo.
¡Ah, desgraciada enfermedad que va a terminar llevándose al chico más temprano que tarde!
Hoy cumple 15 años y, en los últimos seis meses, es la octava vez que tienen que salir así, con él, de urgencia, a media noche.
¿Recuerdas? No hace mucho, el hombre, con los ojos llenos de lágrimas y apagados por el dolor, te confesó su gran pena y su certeza de que el muchacho no pasaría de los 19, si acaso llega a ellos -te decía- es su expectativa de vida.
Tú le dijiste, "Ten fe, Dios no abandona a los suyos. Cree ¿Quien sabe? A lo mejor y se da el milagro".
Tú sabes, de cierto, que Dios no abandona a los suyos; no eran simples palabras de esperanza. ¡Tú lo sabes!
Pero, ¿sabes, también, de alguien que quisiera la vida de tu vecino, si le dieran a escoger?
¿Te diste cuenta de lo bien que le está yendo?
y ¡cómo no darse cuenta!, dirás.
Esta mañana, al salir de su casa y ver su puerta abierta,
no pudiste evitar echar una mirada
y admirarte de aquel televisor extraplano
tan grande como la más grande de las ventanas en tu sala de estar.
¡Y el coche!
¡Qué maravilla!
¿Cuántas veces te has detenido delante de él,
antes de entrar al tuyo,
imaginando que eres tú quien lo conduce?
¡Qué vida tan maravillosa debe tener tu vecino!
¿Y tú?
¡Harto ya de las incertidumbres económicas!
Cansado de tener que quedarte en casa los domingos
porque el presupuesto familiar no da para ir al cine.
Se acerca el tiempo de pagar la matrícula de tu hijo
para el próximo año escolar.
¿Cómo vas a hacer?
¿De dónde vas a sacar el dinero que necesitas?
Si no aumenta un poco el movimiento de trabajo
¿Cómo cubrirás los gastos de tu casa a fin de mes?
Tu vecino no tiene tales preocupaciones.
Seguramente andará con abundante efectivo en el bolsillo
o usará su tarjeta de crédito.
Sí, esa que a ti te negaron ya en más de una oportunidad,
no por insolvente sino por el débil respaldo que aporta el saldo de tus cuentas en el banco.
¡No! A tu vecino no le preocupan los gastos de la vida como a ti.
¿Por qué no podrá ser tu vida como la de tu vecino?
El reformó toda su casa no hace mucho. Tú ni siquiera puedes substituir las baldosas rotas en tu cuarto de baño.
El se compró un auto nuevo. Tú no puedes reparar el motor del tuyo que ya pierde compresión.
¡Qué distintas son ahora tu vida y la vida de tu vecino!
¿Sabes? Esta noche pasada, mientras tú y tus hijos dormían plácidamente,
hubo un gran revuelo en casa de tu vecino.
Vino una ambulancia y se llevó a su hijo de urgencia al hospital
a causa de una convulsión de esas que le dan tan a menudo.
¡Ah, desgraciada enfermedad que va a terminar llevándose al chico más temprano que tarde!
Hoy cumple 15 años y, en los últimos seis meses, es la octava vez que tienen que salir así, con él, de urgencia, a media noche.
¿Recuerdas? No hace mucho, el hombre, con los ojos llenos de lágrimas y apagados por el dolor, te confesó su gran pena y su certeza de que el muchacho no pasaría de los 19, si acaso llega a ellos -te decía- es su expectativa de vida.
Tú le dijiste, "Ten fe, Dios no abandona a los suyos. Cree ¿Quien sabe? A lo mejor y se da el milagro".
Tú sabes, de cierto, que Dios no abandona a los suyos; no eran simples palabras de esperanza. ¡Tú lo sabes!
Pero, ¿sabes, también, de alguien que quisiera la vida de tu vecino, si le dieran a escoger?
domingo, 13 de julio de 2008
Testigo
Yo soy testigo de tu presencia.
Aunque nadie en el mundo me crea,
yo doy fe de tu existencia:
porque cuando tuve hambre
tú te acercaste para servir mi mesa;
cuando tuve sed
mi vaso llenaste con agua fresca
y cuando resbalé montaña abajo,
apareció tu mano, de pronto,
para detener la caída.
Aunque nadie en el mundo me crea,
yo doy fe de tu existencia:
porque cuando tuve hambre
tú te acercaste para servir mi mesa;
cuando tuve sed
mi vaso llenaste con agua fresca
y cuando resbalé montaña abajo,
apareció tu mano, de pronto,
para detener la caída.
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